Santos Táraco, Probo y Andrónico, mártires
fecha: 11 de octubre
†: c. 304 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: c. 304 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Anazarbe, de Cilicia, santos
Táraco, Probo y Andrónico, mártires, que, en la persecución bajo el emperador
Diocleciano, perdieron la vida por confesar a Cristo.
Durante mucho tiempo, las «actas» de estos
mártires fueron consideradas como auténticas. El P. Delehaye afirma que se
trata de una combinación de ciertos hechos históricos con numerosos detalles
imaginarios. Según dicho autor, los tres mártires fueron arrestados en
Pompeyópolis, en Cilicia, durante la persecución de Diocleciano y Maximiano.
Fueron llevados a la presencia del gobernador de la provincia, Numeriano
Máximo, quien los envió a Tarso, la capital. El gobernador anunció a Taraco que
iba a interrogarle primero a causa de su ancianidad y le preguntó su nombre:
Taraco: Soy cristiano.
Máximo: Deja en paz esa locura blasfema y dime tu nombre.
Taraco: Soy cristiano.
Máximo: Golpeadle en la boca para que no vuelva a contestar en esa forma.
Taraco: Te estoy diciendo mi verdadero nombre. Pero si lo que quieres es saber el que me dieron mis padres, me llamo Taraco y mi nombre, en el ejército, era Víctor.
Máximo: ¿De qué país eres y cuál es tu oficio?
Taraco: Soy romano y nací en Claudiópolis de la Isauria. Fui soldado, pero abandoné esa profesión a causa de mi religión.
Máximo: Veo que tu impiedad te obligó a deponer las armas. Pero, ¿cómo obtuviste que te diesen de baja en el ejército?
Taraco: Se lo pedí a mi capitán, Publio, quien me lo concedió.
Máximo: Piensa en tus canas. Te prometo premiarte, si obedeces a las órdenes de nuestros señores. Sacrifica a los dioses, como lo hacen los mismos emperadores, que son amos del mundo.
Taraco: El diablo los engaña para que lo hagan.
Máximo: Rompedle la mandíbula por haber dicho que el diablo engaña a los emperadores.
Taraco: Repito lo dicho. Los emperadores son hombres susceptibles de engaño.
Máximo: Sacrifica a los dioses y déjate de sutilezas.
Taraco: No me es lícito traicionar la ley de Dios.
Taraco: Soy cristiano.
Máximo: Deja en paz esa locura blasfema y dime tu nombre.
Taraco: Soy cristiano.
Máximo: Golpeadle en la boca para que no vuelva a contestar en esa forma.
Taraco: Te estoy diciendo mi verdadero nombre. Pero si lo que quieres es saber el que me dieron mis padres, me llamo Taraco y mi nombre, en el ejército, era Víctor.
Máximo: ¿De qué país eres y cuál es tu oficio?
Taraco: Soy romano y nací en Claudiópolis de la Isauria. Fui soldado, pero abandoné esa profesión a causa de mi religión.
Máximo: Veo que tu impiedad te obligó a deponer las armas. Pero, ¿cómo obtuviste que te diesen de baja en el ejército?
Taraco: Se lo pedí a mi capitán, Publio, quien me lo concedió.
Máximo: Piensa en tus canas. Te prometo premiarte, si obedeces a las órdenes de nuestros señores. Sacrifica a los dioses, como lo hacen los mismos emperadores, que son amos del mundo.
Taraco: El diablo los engaña para que lo hagan.
Máximo: Rompedle la mandíbula por haber dicho que el diablo engaña a los emperadores.
Taraco: Repito lo dicho. Los emperadores son hombres susceptibles de engaño.
Máximo: Sacrifica a los dioses y déjate de sutilezas.
Taraco: No me es lícito traicionar la ley de Dios.
El diálogo se prolongó, y Taraco
permaneció inconmovible. Entonces el centurión le dijo: «Te aconsejo que
ofrezcas sacrificios y salves tu vida». Taraco replicó que bien podía ahorrarse
tales consejos. Máximo dio la orden de que le condujesen a la prisión,
encadenado, y llamó al siguiente acusado.
Máximo: ¿Cómo te llamas?
Probo: Mi nombre principal y más venerable es Cristiano. Pero el nombre con que me conoce el mundo es Probo.
Máximo: ¿De qué país y familia eres?
Probo: Mi padre nació en Tracia. Yo soy plebeyo. Nací en Side, de Panfilia y confieso que soy cristiano.
Máximo: Tal confesión no favorece tu causa. Sacrifica a los dioses, y te prometo considerarte como amigo.
Probo: No aspiro a tu amistad. En una época fui rico, pero renuncié a todo para servir al Dios vivo.
Máximo: Desnudadle y azotadle con nervios de buey.
Máximo: ¿Cómo te llamas?
Probo: Mi nombre principal y más venerable es Cristiano. Pero el nombre con que me conoce el mundo es Probo.
Máximo: ¿De qué país y familia eres?
Probo: Mi padre nació en Tracia. Yo soy plebeyo. Nací en Side, de Panfilia y confieso que soy cristiano.
Máximo: Tal confesión no favorece tu causa. Sacrifica a los dioses, y te prometo considerarte como amigo.
Probo: No aspiro a tu amistad. En una época fui rico, pero renuncié a todo para servir al Dios vivo.
Máximo: Desnudadle y azotadle con nervios de buey.
En tanto que se ejecutaba la orden, el
centurión Demetrio le dijo: Evítate esta tortura. Mira los arroyos de sangre
que brotan de tu cuerpo.
Probo: Haz lo que quieras de mi cuerpo. Tus tormentos son deliciosos.
Máximo: ¿No hay manera de curar tu locura, hombre insensato?
Probo: Soy menos insensato que tú, puesto que no adoro a los demonios.
Máximo: Derribadle de espaldas y golpeadle el vientre.
Probo: ¡Señor, ayuda a tu siervo!
Máximo: Preguntadle después de cada golpe, dónde está su Señor.
Probo: El Señor está conmigo y seguirá ayudándome; tus tormentos me hacen tan poca mella, que no te obedeceré.
Máximo: ¡Imbécil, mira en qué estado estás; el suelo se halla cubierto de sangre!
Probo: Cuanto más sufre mi cuerpo, más fortalece Dios mi alma.
Probo: Haz lo que quieras de mi cuerpo. Tus tormentos son deliciosos.
Máximo: ¿No hay manera de curar tu locura, hombre insensato?
Probo: Soy menos insensato que tú, puesto que no adoro a los demonios.
Máximo: Derribadle de espaldas y golpeadle el vientre.
Probo: ¡Señor, ayuda a tu siervo!
Máximo: Preguntadle después de cada golpe, dónde está su Señor.
Probo: El Señor está conmigo y seguirá ayudándome; tus tormentos me hacen tan poca mella, que no te obedeceré.
Máximo: ¡Imbécil, mira en qué estado estás; el suelo se halla cubierto de sangre!
Probo: Cuanto más sufre mi cuerpo, más fortalece Dios mi alma.
Máximo le envió entonces a la prisión y
mandó llamar al tercer cristiano, quien dijo llamarse Andrónico y ser un patricio
de Efeso. También él se negó a ofrecer sacrificios. Máximo le envió a reunirse
con sus compañeros y así terminó el primer interrogatorio. El segundo se llevó
a cabo en Mopsuestia. Las «actas» repiten las preguntas de Máximo y las
respuestas de los mártires, así como los tormentos a los que fueron sometidos.
Andrónico hizo notar a su juez que las heridas que había sufrido en el
interrogatorio anterior estaban perfectamente curadas. Máximo gritó entonces a
los guardias: «¡Imbéciles!, ¿acaso no os prohibí estrictamente que dejáseis
entrar a alguien a vendarles las heridas? Ya veo cómo habéis cumplido mis
órdenes.» El carcelero Pegaso replicó: «Juro por tu grandeza que nadie ha
vendado sus heridas ni ha entrado a visitarle. Le he tenido encadenado en el
rincón más apartado de la prisión. Si miento, puedes cortarme la cabeza.»
Máximo: Entonces, ¿cómo explicas que las cicatrices hayan desaparecido?
Pegaso: No sé.
Andrónico: ¡Necio! Nuestro Salvador es un médico poderoso que cura a todos los que le adoran y esperan en Él. Para ello no necesita de medicinas. Le basta con su palabra. Aunque vive en el cielo, está presente en todas partes, por más que tú no le conozcas.
Máximo: Las tonterías que dices no te van a salvar. Sacrifica o perderás la vida.
Andrónico: No retiro una sola de mis palabras. No creas que vas a asustarme como a un niño.
Máximo: Entonces, ¿cómo explicas que las cicatrices hayan desaparecido?
Pegaso: No sé.
Andrónico: ¡Necio! Nuestro Salvador es un médico poderoso que cura a todos los que le adoran y esperan en Él. Para ello no necesita de medicinas. Le basta con su palabra. Aunque vive en el cielo, está presente en todas partes, por más que tú no le conozcas.
Máximo: Las tonterías que dices no te van a salvar. Sacrifica o perderás la vida.
Andrónico: No retiro una sola de mis palabras. No creas que vas a asustarme como a un niño.
El tercer interrogatorio tuvo lugar en
Anazarbus. Taraco fue el primero en comparecer y respondió con su valentía
habitual. Cuando Máximo mandó tenderle en el potro, Taraco le dijo: «Podría yo
alegar el rescripto que prohibe que los jueces condenen al potro a los
militares, pero renuncio voluntariamente a ese privilegio.» Máximo condenó
también a Probo a la tortura y ordenó a los guardias que le hiciesen comer, por
fuerza, algunos de los alimentos que se habían ofrecido a los ídolos.
Máximo: ¿Ya lo ves? Después de tanto sufrir por no ofrecer sacrificios, has acabado por comer los manjares ofrecidos a los dioses.
Probo: No veo por qué consideras como una hazaña el haberme hecho comer esos manjares contra mi voluntad.
Máximo: Como quiera que sea, ya los probaste. Prométeme ahora gustarlos por tu voluntad y te pondré inmediatamente en libertad.
Probo: Aunque me obligaras a comer todos los manjares ofrecidos a los ídolos, no ganarías gran cosa, porque Dios ve que los como contra mi voluntad.
Máximo: ¿Ya lo ves? Después de tanto sufrir por no ofrecer sacrificios, has acabado por comer los manjares ofrecidos a los dioses.
Probo: No veo por qué consideras como una hazaña el haberme hecho comer esos manjares contra mi voluntad.
Máximo: Como quiera que sea, ya los probaste. Prométeme ahora gustarlos por tu voluntad y te pondré inmediatamente en libertad.
Probo: Aunque me obligaras a comer todos los manjares ofrecidos a los ídolos, no ganarías gran cosa, porque Dios ve que los como contra mi voluntad.
Finalmente, los tres mártires fueron
condenados a ser arrojados a las fieras. Máximo mandó llamar a Terenciano, el
encargado de los juegos del circo, y le ordenó que organizase una función para
el día siguiente. Desde muy temprano, la multitud llegó al teatro, que distaba
más de un kilómetro de Anazarbus. El autor de las actas narra muy por menudo
los acontecimientos y afirma que él los presenció, con otros dos cristianos,
desde una colina próxima. En cuanto los mártires penetraron en la arena, la
multitud guardó silencio, compadecida de los cristianos, y muchos empezaron a
murmurar contra la crueldad del gobernador. Algunos se dispusieron a partir,
pero el gobernador, furioso, dio orden de cerrar las puertas. Un león, un oso y
otras fieras salvajes fueron sacadas a la arena, pero se limitaron a lamer las
heridas de los mártires, sin hacerles daño alguno. Máximo, ciego por la cólera,
mandó que los gladiadores decapitasen a los tres testigos de Cristo. Una vez
cumplida la sentencia, Máximo mandó que sus cadáveres quedasen bajo la guardia
de seis centinelas para que los cristianos no los robasen. La noche era muy
oscura, y una violenta tempestad dispersó a los guardias. Los cristianos,
guiados por una milagrosa estrella, distinguieron los cadáveres de los
mártires, los cargaron en las espaldas y les dieron sepultura, en una cueva de
las colinas cercanas. El autor de las actas cuenta que los cristianos de
Anazarbus enviaron su relato a la iglesia de Iconium para que Io hiciesen
llegar a los fieles de Pisidia y Panfilia a fin de alentarlos.
Ruinart y Acta Sanctorum, oct., vol. V,
presentan los textos griego y latino de las actas. Existen además otras
recensiones, entre ellas una versión siria publicada por Bedjan. También se
conserva un panegírico de Severo de Antíoco (Patrologia Orientalis, vol. XX,
pp. 277-295. Harnack, Die Chronologie der altchritslich Litteratur, vol. II,
1904, pp. 479-480), hablando sobre las actas, aduce algunas razones que le
mueven a no considerarlas como copia de un documento oficial; no obstante, su
opinión acerca de ellas es menos severa que la de Delebaye en Les légendes
hagiographiques (1927), p. 114.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3709
San Meinardo de Üxkül, obispo
fecha: 11 de octubre
n.: c. 1134 - †: 1196 - país: Letonia
otras formas del nombre: Meinhard
canonización: Conf. Culto: Juan Pablo II 8 sep 1993
hagiografía: Santi e Beati
n.: c. 1134 - †: 1196 - país: Letonia
otras formas del nombre: Meinhard
canonización: Conf. Culto: Juan Pablo II 8 sep 1993
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En Riga, junto al mar Báltico,
conmemoración de san Meinardo, obispo, que, siendo monje en Germania, ya
anciano decidió dirigirse a Livonia para evangelizar a ese pueblo. Allí
construyó la iglesia de Üxkül, de la que fue ordenado obispo, y puso así los cimientos
de la fe cristiana en aquella región.
Meinardo nació en Alemania entre 1134 y
1136. Lamentablemente, nada ha sobrevivido de su infancia y juventud. Dos
crónicas, sin embargo, dignas de fe nos han transmitido la poca información que
tenemos acera de su apostolado y su vida ejemplar. Los acontecimientos que lo
llevaron a alcanzar la fama de santidad comenzaron oficialmente cuando el santo
estaba ya en una edad avanzada. Hasta entonces era monje en un convento
agustino de la Congregación de Canónigos Regulares de Letrán, en Segeberg, en
Holstein, Alemania. Pero empujado por el deseo de anunciar el Evangelio a todas
las naciones, partió de misión a Livonia, en el norte de Europa, que
corresponde a la actual Letonia. Se embarcó en un buque mercante como capellán
en Lübeck, desembarcó en el Golfo de Riga, y pidió y obtuvo del príncipe ruso
Wladimiro de Polotzk el permiso para predicar a los nativos paganos.
En 1184 comenzó a construir la primera
iglesia en la ciudad de Üxküll, situada en la margen derecha del Daugava. Dos
años más tarde informó al arzobispo de Bremen Hartwig II de su apostolado,
quien no vaciló en consagrarlo como primer obispo de Livonia. También por
recomendación de Hartwig, el Papa Clemente III reconoció oficialmente a la
nueva diócesis de Üxküll, como sufragánea de Bremen, el 25 de septiembre de
1188. La misión creada por Meinardo no tardó en asumir nuevas tareas y a
exceder la fuerza de una sola persona. Desafortunadamente Hartwig había sido
exiliado, y parece que de Bremen no apoyaban a la diócesis sufragánea, así que
Meinardo tuvo que intentar alguna ayuda de Roma. El 27 de abril 1191 el papa
Celestino III autorizó al obispo a llevar ayuda de su propio país, pero no tuvo
en cuenta que los livonios no miraban con simpatía esa importación de
extranjeros alemanes, y el entusiasmo inicial se iba enfriando. Al verse en el
punto de partida, Meinardo envió a Roma al monje cisterciense Teodorico, su
colaborador principal, en busca de ayuda. El mismo Papa concedió una
indulgencia a los que se dispusieran a una cruzada en defensa y apoyo de la recién
formada Iglesia de Livonia.
Pero Meinardo, ya anciano y de frágil
salud, murió antes de llegar a ver la ayuda, sin duda triste por el aparente
fracaso de la labor para la que había invertido tanta energía. La fecha más
probable de su muerte es el 11 de octubre 1196, aunque algunas fuentes hablan
del 12 de abril y el 14 de agosto. Entre 1380 y 1390 sus restos fueron
trasladados a la catedral de Riga, ahora capital de Letonia. Nunca había sido
canonizado, pero se le tributó desde el principio culto popular, y el 8 de
septiembre de 1993, durante su viaje apostólico a Lituania, Juan Pablo II
aprobó oficialmente el culto inmemorial del santo obispo.
Traducido para ETF, con algunas
modificaciones, de un artículo de Fabio Arduino. La confirmación de culto puede
leerse en AAS 1994, pág 484; así como la homilía, en
italiano, en la misa donde la proclama, celebrada en Riga.
fuente: Santi e Beati
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3719
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