San Longinos, santo
del NT
fecha: 16 de octubre
fecha en el calendario anterior: 15 de marzo
canonización: bíblico
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 15 de marzo
canonización: bíblico
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Jerusalén, conmemoración de san Longinos, venerado como el
soldado que abrió con la lanza el costado del Señor crucificado.
La
historia de san Longinos, a quien conmemora en este día el Martirologio Romano,
se desarrolló en la ciudad de Cesárea, en Capadocia. Su narración es conveniente
hacerla en los mismos términos en que la hace el beato Santiago de Vorágine en
su «Leyenda áurea», de donde proviene lo que escasamente se puede afirmar
tradicionalmente de él. De acuerdo con ese relato, san
Longinos fue el centurión que, por órdenes de Pilatos, estuvo con otros
soldados al pie de la cruz de Nuestro Señor y el que traspasó Su costado con
una lanza. Longinos fue también quien, al ver las portentosas convulsiones de
la naturaleza que se produjeron a la muerte de Cristo, pronunció la famosa
frase que le hizo el primer convertido a la fe cristiana: «¡Verdaderamente,
Este era Hijo de Dios!» También se dice de él que estaba quedándose ciego y, al
dar la lanzada, una gota de sangre del Salvador cayó sobre sus ojos y lo dejó
sano al instante. Por tal razón, abandonó la carrera de soldado y, después de
haber sido instruido por los apóstoles, llevó una vida monástica en Cesárea,
Capadocia, donde ganó muchas almas para Cristo por medio de sus palabras y
ejemplo.
Muy
pronto cayó en manos de los perseguidores, que lo llevaron a juicio. Como se
rehusara a ofrecer sacrificio, el gobernador ordenó que se le quebraran a
golpes todos los dientes y que se le cortara la lengua. Sin embargo, Longinos
no perdió a consecuencia de esto la facultad de hablar y ahí mismo,
apoderándose de un hacha, redujo a fragmentos los ídolos y gritó: «Ahora
veremos si en verdad son dioses». Una horda de demonios salió de los ídolos, se
apoderó del gobernador y de sus ayudantes, que cayeron a los pies de Longinos,
gimoteando y emitiendo aullidos. El santo les dijo: «¿Por qué toman los ídolos
como morada?» Los demonios contestaron: «Dondequiera que no se oiga el nombre
de Cristo y no se imponga el signo de su cruz, allí es nuestra morada».
Entretanto, el gobernador continuaba dando gritos estridentes, porque había
quedado ciego. Longinos fue hacia él y le dijo: «Sábete que solamente puedes
ser curado cuando me hayas quitado la vida. Pero tan pronto como yo haya
entregado mi alma por tu acción, rogaré por ti y obtendré para ti salud, tanto
para el cuerpo como para el alma». Inmediatamente después, el gobernador ordenó
que se le cortara la cabeza y, tan luego como se ejecuto la orden, cayó el
gobernador sobre el cadáver y, con abundante llanto, mostró su arrepentimiento.
En el mismo momento, recuperó la cordura, así como la vista, y terminó su vida
haciendo toda clase de buenas obras.
Es
evidente el carácter enteramente legendario de este relato, que no está apoyado
en ninguna evidencia de documentos de los primeros siglos. El «centurión» de
Marcos (15,39) está identificado sin ninguna prueba de garantía con el
«soldado» de Juan (19,34), que atravesó el costado de Jesús. A este último, en
el Evangelio apócrifo de Nicodemus, conocido también como «Las Actas de
Pilatos», se le da el nombre de Longinos en sus últimas recensiones; pero
parece haber probabilidades de que fue sugerido por la palabra griega «lonje»
(lanza), el arma que se dice haber usado. Existe un manuscrito sirio de los
evangelios en la Biblioteca Laurenciana en Florencia, escrito por un cierto
monje Rábulo, en 586, que contiene una miniatura de la crucifixión. En este
manuscrito, el soldado que atraviesa el costado de Nuestro Señor, tiene el
nombre de Longinos escrito sobre su cabeza en caracteres griegos. Esto, sin
embargo, puede haber sido una adición ulterior. Lo que sabemos de cierto es que
hubo varias historias diferentes en circulación respecto a Longinos, que dieron
origen a diferentes fiestas en distintas fechas. La leyenda más notable es la
de Mantua, donde se afirma que Longinos fue a esa ciudad, poco después de la
muerte de Nuestro Señor y allí, después de predicar el Evangelio por algunos
años, sufrió el martirio. Más aún, se dice que llevó consigo una porción de la
preciosa sangre derramada sobre la cruz y que esa reliquia se conserva en
Mantua, así como el cuerpo del santo.
El
Martirologio actual conserva la evocación del santo, por ser muy antigua y
tradicional, pero de ninguna manera la caracterización de mártir, de la que no
hay más testimonio que estas edificantes pero convencionales leyendas.
Hay una
abundante literatura relacionada con estas últimas fábulas. Algunos relatos se encuentran en C.
Kroner, Die Longinuslegende (1899) en R. J. Peebles, The Legend of Longinus in
Ecclesiastical Tradition and English Literature (1911). Ver
también el Acta Sanctorum marzo, vol. II y F. I. Dogler, Antike und Christentum
1. IV (1933), pp. 81-94. De las «Actas de Pilatos» hay ediciones en castellano,
y es posible encontrarlo referenciado en la Biblioteca de
ETF.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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relevante: ant 2012
Estas biografías de
santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta
ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y
servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar
esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el
siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3773
Santos Martiniano,
Saturiano y dos hermanos, mártires
fecha: 16 de octubre
†: s. V - país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: s. V - país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Conmemoración de los santos Martiniano y Saturiano, mártires en
África junto con dos hermanos suyos, todos los cuales, durante la persecución
bajo el rey arriano Genserico, eran esclavos de un vándalo, y fueron
convertidos a la fe de Cristo por otra esclava, santa Máxima, virgen. Por su
constancia en la fe católica fueron apaleados con varas nudosas hasta descubrir
sus huesos, y desterrados a la región de los mauritanos, por convertir a
algunos de ellos a la fe de Cristo fueron condenados a muerte. Santa Máxima,
después de superar muchos combates, terminó como madre de muchas vírgenes en un
monasterio.
El
Martirologio Romano habla del martirio de los santos Martiniano, Saturiano y
sus dos anónimos hermanos, todos los cuales, en la persecución del rey arriano
Genserico el Vándalo, fueron convertidos a la fe por la virgen Máxima, su
compañera de esclavitud. A causa de su constancia en la fe, fueron flagelados
por su amo, que era hereje, hasta que sus huesos quedaron al descubierto. Como
cada dia amaneciesen ilesos, después de haber sufrido numerosos tormentos,
fueron desterrados. En el exilio convirtieron a muchos bárbaros a la fe de
Cristo y consiguieron que el Pontífice de Roma les enviase a un sacerdote y
otros ministros, para bautizar a los conversos. Finalmente se los ató por los
pies a un carro y fueron arrastrados por los caminos fragosos. Pero Máxima, que
salio con vida de todas las pruebas, fue libertada por el poder de Dios y
«murió apaciblemente en un monasterio, en el que fue madre de muchas vírgenes».
Víctor
de Vita, en su historia de las persecuciones de los vándalos, habla de estos
confesores. Según él, Martiniano era un fabricante de armaduras y su amo decidió casarle con Máxima. Aunque ésta había hecho voto de virginidad, no se atrevió a rehusar, pero Martiniano la respeto y huyo con ella a un monasterio.
Su amo los sacó de él y los golpeo brutalmente porque se negaban a recibir el
bautismo arriano. Después de la muerte de su amo, la esposa de éste los vendió
a otro vandalo, quien devolvió la libertad a Máxima y envió a Martiniano y a
dos de sus compañeros a un jefe berberisco. Los tres convirtieron allí a
numerosas personas y pidieron al Papa que enviase a un sacerdote. Para castigar
su atrevimiento, Genserico ordeno que fuesen arrastrados hasta que muriesen.
Véase el artículo sobre estos mártires en Acta Sanctorum, oct., vol. VII, pte. 2. El único documento fidedigno es el relato de Víctor de Vita.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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