San Juan Plessington, presbítero y mártir
fecha: 19 de julio
n.: c. 1637 - †: 1679 - país: Reino Unido (UK)
otras formas del nombre: Guillermo (William) Pleasington, Scarisbrick
canonización: B: Pío XI 15 dic 1929 - C: Pablo VI 25 oct 1970
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
n.: c. 1637 - †: 1679 - país: Reino Unido (UK)
otras formas del nombre: Guillermo (William) Pleasington, Scarisbrick
canonización: B: Pío XI 15 dic 1929 - C: Pablo VI 25 oct 1970
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En Chester, en Inglaterra, san Juan
Plessington, presbítero y mártir, que habiendo sido ordenado sacerdote en
Segovia, al volver a Inglaterra fue condenado por ello a la horca, siendo rey
Carlos II.
Ver más información en:
Mártires de la persecución en Inglaterra (1535 - 1681)
Mártires de la persecución en Inglaterra (1535 - 1681)
Juan (o a veces Guillermo) Plessington,
ejecutado el 19 de julio de 1679, y canonizado por SS Pablo VI entre los
«Cuarenta mártires de Inglaterra y Gales», el 25 de octubre de 1970, no se
diferencia demasiado del curso vital que conocemos de otros mártires del mismo
período: también a él, sacerdote católico de incógnito en Inglaterra, le toco
ser blanco de la acusación en el presunto «complot papista paraa asesinar al
rey» que «desveló» (en realidad, inventó) el protestante Titus Oates, y que,
cuál no fuera el descarado perjurio, que el propio Oates fue luego juzgado y
condenado a muerte, aunque finalmente fue indultado. Pero mientras tanto,
mientras el supuesto complot era «verdad oficial», muchos católicos,
especialmente sacerdotes, perdieron la vida acusados de la infame trama.
Uno de ellos fue Plessington. Nacido hacia
1637, no se sabe si de familia católica o protestante, lo enconttramos ya cerca
de los años 60 en el Colegio Inglés de Valladolid, España, estudiando para
sacerdote católico. Recibe la ordenación en 1662 y vuelve a Inglaterra al año
siguiente. Puede dedicarse muchos años a un fructífero ministerio, pero en las
detenciones por la conjura de Oates, es apresado y condenado a muerte el 11 de
julio de 1679. Será ajusticiado en Gallow's Hill in Boughton, Cheshire, con el
salvaje cuanto acostumbrado procedimiento de horca, deshollamiento (aun vivo),
dispersión de los restos.
Lo que hace distinto a Plessington es que
se conservan las palabras que tuvo gracia de los jueces de poder pronunciar
antes de ser ahorcado, un medianamente largo discurso, que transmite la
serenidad del ánimo del mártir, pero también ejercita una catequesis dirigida a
los espectadores. He aquí la exhortación:
Queridos conciudadanos: Estoy aquí para
ser ejecutado no por hurto u homicidio ni por alguna otra cosa contra la ley
divina o por haber hablado contra la Monarquía y el Gobierno civil. Supongo que
alguno de los presentes estuvieron en mi proceso en los últimos juicios y
pueden atestiguar que no se me pudo hacer cargo de otra cosa que la de ser
sacerdote. Estoy seguro que pensáis que el sacerdocio no va de suyo contra la
monarquía ni contra el gobierno del país. Si queréis consultar el Antiguo o el
Nuevo Testamento, que son la base de la Religión, (veréis) que si no hay sacerdotes
no hay religión. Lo dice San Pablo en el capítulo VII, 12 de la carta a los
Hebreos. Si el sacerdocio se cambia, se cambia también la Ley, y por ello al
quedar el sacerdocio abolido, la Ley y la Religión vienen absolutamente a
menos.
Que el Papa tenga poder para deponer a los reyes o para dar licencia de matar no es punto de nuestra fe. Yo protesto en presencia de Dios y de la Corte celestial que soy absolutamente inocente de la conjura de la que tanto se habla y que aborrezco propósitos tan sanguinarios y dañosos, y si bien han pasado nueve semanas desde que fui condenado a muerte no he sido acusado de semejante cosa, así que puedo confortarme con las palabras de San Pedro IV, 15-16: «Que ninguno de vosotros sufra como homicida o ladrón o malhechor, o como avaro de las cosas materiales, pero si alguno sufre por ser cristiano que no se avergüence o lo lamente». Yo he merecido una muerte peor, porque aunque he sido un leal y fiel súbdito de mi rey, pero he pecado muchas veces contra Dios. Quizás ladrones y bandidos que asaltan por los caminos tienen mayor perfección que yo en su servicio a Dios, toda vez que yo he recibido tan grandes favores de El. Pero como no ha habido pecador del que él no se haya compadecido si acude a la misericordia de Jesús, así yo espero, por los méritos de su pasión, que él tendrá misericordia de mí que estoy arrepentido de corazón de haberlo ofendido. Sed testigos los que me escucháis de que yo profeso sin dudar y firmemente todos los artículos de la fe católica romana y que por la verdad de cada uno de ellos, con la ayuda de Dios, yo estoy dispuesto a morir, y que prefiero morir antes que poner en duda algún punto de la fe enseñada por nuestra Santa Madre la Iglesia Católica Romana...
En qué condiciones Margarita Plat, uno de los principales testigos contra mí, estaba antes o después que estaba conmigo, díganlo los más próximos parientes de ella. George Massey, otro testigo, juró en falso cuando juró que yo le di el sacramento y celebré la misa en el lugar y tiempo recordado por él, y yo verdaderamente creo que ni él me habló jamás ni yo le hablé ni nos vimos sino en la semana del juicio. El tercer testigo, Robert Wood, murió repentinamente. Pero ¿por qué debo hablar de muertos? Estos fueron todos los testigos, al menos los que depusieron. Yo de corazón y libremente perdono a todos los que han sido o son en alguna manera causa de mi muerte y de todo corazón les deseo que los que viven se puedan arrepentir cordialmente. Que Dios bendiga al Rey y a la familia real y le dé un próspero reinado aquí y una corona de gloria en la otra vida. Que Dios les dé paz a sus súbditos y que ellos vivan y mueran en la verdadera fe, esperanza y caridad. No queda sino que yo me encomiende a mí mismo a la misericordia de Jesús, por cuyos méritos yo espero alcanzar misericordia. Oh Jesús, sé para mí Jesús.
Que el Papa tenga poder para deponer a los reyes o para dar licencia de matar no es punto de nuestra fe. Yo protesto en presencia de Dios y de la Corte celestial que soy absolutamente inocente de la conjura de la que tanto se habla y que aborrezco propósitos tan sanguinarios y dañosos, y si bien han pasado nueve semanas desde que fui condenado a muerte no he sido acusado de semejante cosa, así que puedo confortarme con las palabras de San Pedro IV, 15-16: «Que ninguno de vosotros sufra como homicida o ladrón o malhechor, o como avaro de las cosas materiales, pero si alguno sufre por ser cristiano que no se avergüence o lo lamente». Yo he merecido una muerte peor, porque aunque he sido un leal y fiel súbdito de mi rey, pero he pecado muchas veces contra Dios. Quizás ladrones y bandidos que asaltan por los caminos tienen mayor perfección que yo en su servicio a Dios, toda vez que yo he recibido tan grandes favores de El. Pero como no ha habido pecador del que él no se haya compadecido si acude a la misericordia de Jesús, así yo espero, por los méritos de su pasión, que él tendrá misericordia de mí que estoy arrepentido de corazón de haberlo ofendido. Sed testigos los que me escucháis de que yo profeso sin dudar y firmemente todos los artículos de la fe católica romana y que por la verdad de cada uno de ellos, con la ayuda de Dios, yo estoy dispuesto a morir, y que prefiero morir antes que poner en duda algún punto de la fe enseñada por nuestra Santa Madre la Iglesia Católica Romana...
En qué condiciones Margarita Plat, uno de los principales testigos contra mí, estaba antes o después que estaba conmigo, díganlo los más próximos parientes de ella. George Massey, otro testigo, juró en falso cuando juró que yo le di el sacramento y celebré la misa en el lugar y tiempo recordado por él, y yo verdaderamente creo que ni él me habló jamás ni yo le hablé ni nos vimos sino en la semana del juicio. El tercer testigo, Robert Wood, murió repentinamente. Pero ¿por qué debo hablar de muertos? Estos fueron todos los testigos, al menos los que depusieron. Yo de corazón y libremente perdono a todos los que han sido o son en alguna manera causa de mi muerte y de todo corazón les deseo que los que viven se puedan arrepentir cordialmente. Que Dios bendiga al Rey y a la familia real y le dé un próspero reinado aquí y una corona de gloria en la otra vida. Que Dios les dé paz a sus súbditos y que ellos vivan y mueran en la verdadera fe, esperanza y caridad. No queda sino que yo me encomiende a mí mismo a la misericordia de Jesús, por cuyos méritos yo espero alcanzar misericordia. Oh Jesús, sé para mí Jesús.
Datos y texto del discurso tomados del
artículo correspondiente de José Luis Repetto Betes en Año Cristiano, BAC,
2003, tomo VII, día 19. Allí mismo cita bibliografía: Tigar, C., «Forty martyrs
of England and Wales» (Londres 1970), Waugh, M., «Blessed John Plessington»
(Londres 1961); ignoro la fiabilidad de las fuentes y por lo tanto la
credibilidad del discurso. En todas las biografías que he podido conseguir
mencionan que habló a la gente antes de morir, pero no se citan las palabras.
De todos modos no es extraño (aunque en nuestra época nos lo parezca) que se le
permitiera al reo dar esas palabras, ya que era un personaje bien relacionado,
y la ejecución no parece haberse hecho, como las de Tyburn, ante el
«populacho». La última edición (2000) del Butler's Lives of Saints, tomo de
julio, pág 152, señala que su discurso antes del ahorcamiento fue impreso y
distribuido, y menciona tres de los temas: la bendición al rey, que él es
asesinado por ser sacerdote y que los súbditos del Papa no tienen permiso para
asesinar; pero lamentablemente no reproduce el texto.
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
accedida 705 veces
ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2464
No hay comentarios:
Publicar un comentario