miércoles, 10 de junio de 2015

Beato Enrique de Bolzano - San Itamar de Rochester - San Landerico de París - San Bogumilo de Gniezno - San Asterio de Petra 10062015 -


Beato Enrique de Bolzano

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Beato Enrique de Bolzano, laico
En Treviso, en el territorio de Venecia, beato Enrique de Bolzano, carpintero y analfabeto, que entregaba a los pobres todo lo que tenía, y ya al final, casi sin fuerzas, pedía lo necesario para vivir, sin dejar de compartirlo con los otros mendigos.
El beato Enrique, o san Rigo, como a menudo se le llama en Italia, nació en Bolzano, en la región del Trentino. Sus padres eran muy pobres y nunca aprendió a leer y escribir. Era muy joven todavía cuando se fue a vivir u Treviso, donde trabajó como jornalero para ganarse el pan; sin embargo, todo lo que podía ahorrar de su escaso salario, lo distribuía entre los pobres. Durante toda su vida su principal objetivo fue el de servir a Dios. Oía misa diariamente, comulgaba con frecuencia y se confesaba todos los días, no por escrúpulos, sino para conservar limpia su conciencia. El tiempo que no ocupaba en el trabajo y en los deberes necesarios a la existencia, lo consagraba a sus ejercicios de devoción, ya fuera en la iglesia o en privado; los instrumentos de penitencia que usaba para disciplinarse, se conservaron en la catedral después de su muerte. Las gentes se maravillaban por su extraordinaria ecuanimidad que nada podía alterar. Las gentes groseras y los chiquillos mal educados solían molestar o burlarse de aquel hombrecillo bajo, de anchas espaldas y cubierto de harapos; su rostro ancho, de pequeños ojos hundidos, nariz larga y ganchuda y boca torcida, tenía, en verdad, un aspecto feroz que no cuadraba con su natural mansedumbre. Aceptaba las burlas y malos tratos con una sonrisa y jamás respondía más que con oraciones por los que le ofendían.

Cuando ya le fue imposible trabajar, un ciudadano llamado Jaime Castagnolis le cedió una habitación en su casa y el alimento necesario cuando le faltase. Sin embargo, el beato vivía de las limosnas que las gentes caritativas le daban con generosidad y que él compartía con los otros mendigos, sin guardar nunca nada para el día siguiente. Ni siquiera su extrema debilidad, causada por sus penurias y lo avanzado de su edad, le impedía visitar la casa de Dios; con la mayor frecuencia posible visitaba todas las iglesias de la ciudad y las que estuviesen en las proximidades de Treviso. Murió el 10 de junio de 1315. El cuartucho donde vivió, quedó inmediatamente colmado por los visitantes que deseaban manifestar su veneración y apoderarse de algún fragmento de sus posesiones, que solamente consistían en una camisa o túnica de cerdas, un tronco que le servía de almohada, cuerdas, hojas secas y paja que formaban su colchón. Cuando el cadáver fue llevado a la catedral, ocurrieron escenas extraordinarias. Las gentes se metían a la iglesia por la noche y, tanto el obispo como el podestá (alcalde), tuvieron que dejar el lecho para proteger el cuerpo del beato. Como las tentativas se repitieron, fue necesario levantar un cerco en torno al catafalco. Después de la muerte del beato, no menos de 276 milagros obrados por sus reliquias en unos cuantos días fueron registrados por los notarios que designaron los magistrados; las listas de estos prodigios ocupan treinta y dos columnas impresas en el Acta Sanctorum. El culto al Beato Enrique fue confirmado por el Papa Benedicto XIV.

La vida del Beato Enrique escrita por su contemporáneo, el obispo Pierdomenico de Baone, fue impresa por los bolandistas, junio, vol. II. Véase también a R. degli Azzoni Avogaro, en Memorie del B. Enrico (2 vols., 1760).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



San Itamar de Rochester

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San Itamar de Rochester, obispo
En Rochester, en Inglaterra, san Itamar, obispo, que fue el primero de la región de Kent en ser elevado al orden episcopal, y brilló siempre por la dignidad de su vida y por su erudición.
San Itamar atrae nuestra atención porque fue el primer inglés que ocupó un obispado de Inglaterra. Por desgracia, es poquísimo lo que sabemos sobre él. San Honorio, arzobispo de Canterbury, lo consagró en la sede de Rochester, después de la muerte de san Paulino y Beda nos dice que, «a pesar de que era un hombre de Kent», tanto en piedad y devoción como en sabiduría, se igualaba a sus predecesores, san Justo y san Paulino, que fueron ambos misioneros italianos traídos por san Agustín.

En 655, San Itamar consagró a un compatriota, Firthona o Diosdado (Deodato), como arzobispo de Canterbury. Parece que su muerte tuvo lugar al año siguiente. Debido a la fama de haber poseído el don de obrar milagros, varias iglesias fueron dedicadas en su honor y sus reliquias fueron colocadas en un santuario, en 1100. Lo poco que sabemos sobre san Itamar deriva casi completamente de Beda, de su obra «Ecclesiastical History» cap. 3,14. Hay una considerable lista de milagros obrados en su santuario, que se recopiló en el siglo doce; el texto completo nunca se ha editado, pero los bolandistas, en Acta Sanctorum, junio, vol. II, imprimieron un compendio.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


San Landerico de París

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San Landerico de París, obispo
En París, ciudad de Neustria, san Landerico, obispo, de quien se cuenta que, en tiempo de hambre, para atender a los pobres enajenó los ornamentos de la iglesia, y que edificó un hospital junto a la iglesia catedral.
Durante el reinado de Clovis II y en el año 650, San Landerico se convirtió en obispo de París. Era un hombre muy sencillo, de profunda devoción, que se distinguió particularmente por su gran amor a los pobres. Para aliviar sus penurias durante una época de hambre, no sólo vendió todas sus posesiones personales, sino también algunos vasos y muebles de la Iglesia. Antes de que san Landerico gobernase la diócesis, no había en París otras facilidades para atender a los pobres que unas cuantas hospederías y «matriculae» que, para sostenerse, día con día, dependían exclusivamente de las cotidianas limosnas.

A San Landerico se le atribuye la fundación del primer hospital propiamente dicho que hubo en París, cerca de la catedral de Notre Dame y dedicado a San Cristóbal. Posteriormente, aquel pequeño centro de beneficencia se desarrolló hasta convertirse en la gran institución del Hótel-Dieu, que durante muchos siglos fue famosa en todo el mundo. En el año 653, el obispo Landerico eximió de su jurisdicción episcopal a la abadía de Saint Denis. La fecha de la muerte de San Landerico es incierta, pero no hay duda de que ocurrió antes del 660, puesto que aquel año, un monje llamado Marculfo, le dedicó una colección de fórmulas eclesiásticas que él mismo había reunido por instrucciones del extinto obispo.

 Acta Sanctorum, junio, vol. II, consiguieron reunir un relato, tomado sobre todo de las lecciones del breviario, de fechas muy posteriores. Sobre la fundación y los primeros años de existencia de Saint Denis, véase a J. Havet, en la Bibl. de l'Ecole des Chartres, vol. II (1890), pp. 5-62. 67/. también Duchesne, Fastes Episcopeaux, vol. n, p. 472.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI



San Bogumilo de Gniezno

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San Bogumilo de Gniezno, eremita y obispo

En Dobrowo, en Polonia, muerte de san Bogumilo, obispo de Gniezno, que, después de renunciar a su sede, llevó en este lugar vida eremítica y llegó al fin de sus días consumado por la austeridad que practicaba.


San Asterio de Petra

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San Asterio, obispo de Petra, en Arabia, s. IV.
Intervino en las contiendas religiosas de su tiempo. Estuvo al principio afiliado al partido de los arrianos, pero en el Concilio de Sárdica (347) se puso de parte de la ortodoxia, y contribuyó a desenmascarar las intrigas de sus antiguos correligionarios. Constancio le desterró a los arenales de Libia, de donde salió al advenimiento de Juliano el apóstata.
En 362 aparece en el Concilio de Alejandría al lado de San Atanasio, que hace su elogio en varios de sus escritos. Murió algún tiempo después.



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