Homo quidam nobilis abijt in regionem
longinquam accipere regnum et reuerti luc.
Esta palabra está escrita en el Evangelio y dice en lengua vulgar: «Un
hombre noble marchó a una región lejana, apartándose de sí mismo, y regresó
enriquecido» (Lucas 19, 12). Ahora bien, leemos en uno de los Evangelios que
Cristo dijo: «Nadie podrá ser mi discípulo que no venga en pos de mí» y haya
renunciado a sí mismo sin retener nada para sí mismo (Cfr. Lucas 14, 27); y
semejante [hombre] posee todas las cosas ya que no poseer nada equivale a
tenerlo todo. Mas, someterse a Dios con ansias y de todo corazón y poner su
voluntad enteramente en la voluntad de Dios sin echar ninguna mirada a la
criaturidad: quien haya «salido» así de sí mismo, de veras será devuelto a sí mismo.
El ser bueno en sí, [o sea la] bondad, no tranquiliza al alma; ella atrae
al alma y se mantiene ahí y mira hacia fuera, [es la] buena disposición hacia
todo cuanto es bueno en conjunto, y [la] gracia permanece junto al anhelo[112].
Y si Dios me diera alguna cosa ajena a su voluntad, yo no la apreciaría; porque
la menor cosa que Dios me da dentro de su voluntad me hace bienaventurado.
Todas las criaturas han emanado de la voluntad de Dios. Si yo fuera capaz
de aspirar solamente a la bondad de Dios, esta voluntad sería tan noble que el
Espíritu Santo emanaría inmediatamente de ella. Todo bien emana de la
superabundancia de la bondad divina. Ah sí, y la voluntad de Dios me gusta
solamente en la unidad, allá donde se halla la quietud de Dios para la bondad
de todas las criaturas, [y] donde descansa ella [la bondad] como su último fin,
y todo cuanto alguna vez obtuvo ser y vida; allá debes amar al Espíritu Santo
tal como es allá en la unidad; no en Él mismo sino allá donde se lo saborea
únicamente junto con la bondad de Dios, en la unidad, allá donde toda bondad
emana de la superabundancia de la bondad divina. Tal hombre retorna más rico
que cuando salió. Quien hubiera «salido» así de sí mismo, sería restituido a sí
mismo en el sentido más propio. Y todas las cosas que ha abandonado en la
multiplicidad, le serán devueltas en la simplicidad, porque se encuentra a sí
mismo y a todas las cosas en el «ahora» presente de la unidad. Y quien hubiera
«salido» así, volvería mucho más ennoblecido que cuando «salió». Semejante
hombre vive entonces con una libertad más independiente y en una desnudez
acendrada, porque no debe preocuparse por nada ni emprender cosa alguna, ni
mucho ni poco, porque todo cuanto posee Dios, lo posee él.
El sol es análogo a Dios: la parte más alta de su profundidad insondable
responde a lo bajísimo en la hondura de la humildad[113].
Ah sí, al hombre humilde no le hace falta pedir [nada a Dios] sino que bien
puede mandarle, porque la altura de la divinidad no puede tender sino hacia la
hondura de la humildad; pues el hombre humilde y Dios son uno y no dos. Este
hombre humilde tiene tanto poder sobre Dios como tiene poder sobre sí mismo; y
todo el bien que hay en todos los ángeles y en todos los santos, le pertenece
enteramente tal como pertenece a Dios. Dios y este hombre humilde son completamente
uno y no dos; porque lo que obra Dios, él lo obra también, y lo que quiere
Dios, él lo quiere también, y lo que es Dios, él lo es también: una sola vida y
un solo ser. Ah sí, por Dios: si este hombre estuviera en el infierno, Dios
tendría que reunirse con él en el infierno, y el infierno tendría que ser para
él un paraíso. Él [=Dios] necesariamente debe proceder así, sería obligado a
hacerlo de modo que debería hacerlo; porque en este caso el hombre es la
esencia divina y la esencia divina es el hombre. Pues ahí se besan la unidad de
Dios y del hombre humilde, porque la virtud llamada humildad es una raíz en el
fondo de la divinidad en la cual está plantada para que tenga su esencia sólo
en el eterno Uno y en ninguna otra parte. Dije en el colegio [=universidad] de
París que todas las cosas son acabadas en el hombre verdaderamente humilde. Y
por eso digo que al hombre verdaderamente humilde no lo puede dañar ni
perturbar ninguna cosa, porque no existe nada que no huya de aquello que lo
pueda destruir: de esto huyen todas las cosas creadas porque no son nada en sí
mismas. Y por ello, el hombre humilde huye de todo cuanto le pueda hacer dudar
de Dios. Por ello huyo del carbón [ardiente] ya que quiere aniquilarme, pues
está dispuesto a robarme mi ser.
Y dijo: «Un hombre se marchó». Aristóteles planeó [escribir] un
libro[114]
con el propósito de hablar de todas las cosas. Ahora prestad atención a lo
dicho por Aristóteles con respecto a este hombre. «Homo» significa un
hombre al que está añadida una forma y ella le da un ser y una vida comunes con
todas las criaturas, las racionales y las irracionales: [vida y ser]
irracionales con todas las criaturas corpóreas, y racionales con los ángeles. Y
él [Aristóteles] dice: Así como todas las criaturas con [sus] imágenes
primigenias (ideas) y formas son aprehendidas racionalmente por los ángeles y
los ángeles conocen racionalmente cada cosa en su diferenciación —lo cual le da
tanto gozo al ángel que sería un milagro para quienes no lo hubieran sentido y
saboreado— exactamente así conoce el hombre racionalmente la imagen y forma de
cada criatura en [su] diferenciación. Esto lo atribuyó Aristóteles al
hombre: que el hombre es «hombre» por el hecho de conocer todas las imágenes
[primigenias] y formas; a causa de ello el hombre sería «hombre». Y esto era la
suprema interpretación mediante la cual Aristóteles sabía determinar al
hombre.
Ahora expondré yo también lo que es «un hombre». «Homo» significa lo mismo
que un hombre a quien se le ha concedido una «sustancia» que le otorga ser y
vida y un ser dotado de inteligencia. Un hombre racional es aquel que se
entiende a sí mismo con la razón y se halla desasido en sí mismo de todas las
materias y formas. Cuanto más desasido esté de todas las cosas y cuanto más
recogido en sí mismo, tanto más clara y racionalmente conocerá en su interior
todas las cosas sin dirigirse hacia fuera: tanto más «hombre» es.
Ahora digo yo: ¿Cómo puede ser que el desasimiento del conocimiento conoce
en sí mismo todas las cosas sin forma e imagen, sin que se dirija hacia fuera y
se transforme él mismo? Digo que proviene de su simplicidad, porque el hombre,
cuanto más puramente simplificado se halla en sí mismo, con tanta más
simplicidad conoce toda la multiplicidad en él mismo y se mantiene inmutable en
sí mismo. Dice Boecio[115]:
Dios es un bien inmovible que se mantiene tranquilo en sí mismo, intacto e
inmóvil, y que mueve todas las cosas. Un conocimiento simple es tan acendrado
en sí mismo que comprende de inmediato al ser divino, puramente desnudo. Y
gracias a esta influencia [del ser divino] recibe naturaleza divina al igual
que los ángeles, hecho éste que a ellos les da gran alegría. A cambio de poder
ver a un solo ángel, uno querría pasar mil años en el infierno. Este
conocimiento es tan acendrado y tan claro en sí mismo, que todo cuanto se vería
a esta luz, se convertiría en ángel.
Ahora fijaos con atención en que Aristóteles se refiere a los
espíritus apartados en el libro llamado Metafísica[116].
El más insigne de los maestros que hablara jamás de las ciencias naturales,
habla de esos espíritus apartados y dice que no son la forma de ninguna cosa y
que reciben su ser como fluyendo inmediatamente de Dios; y de la misma manera
vuelven a fluir hacia dentro y reciben la emanación inmediatamente de Dios, por
encima de los ángeles, y miran el puro ser de Dios, sin diferenciación. Este
ser puro [y] desnudo, lo llama Aristóteles un «qué»[117].
Esto es lo más elevado que dijo Aristóteles jamás sobre las ciencias
naturales, y ningún maestro es capaz de enunciar nada más elevado a no ser que
hable [inspirado] por el Espíritu Santo. Ahora digo yo que este «hombre noble»
no se contenta con el ser que los ángeles aprehenden carente de forma y del que
dependen inmediatamente; él se contenta tan sólo con lo Uno único.
[111]Este sermón es
auténtico, pero en varios pasajes su texto parece corrupto. Existe en un solo
manuscrito. Habría sido pronunciado en Colonia en el convento de la Huerta de
Santa María de las monjas cistercienses. (Cfr. lo dicho anteriormente y Quint
tomo I p. 372 s.). Koch (en Ruh, o. c. p. 300) señala que Eckhart, en este
sermón, «esboza su imagen del hombre».
[112]Texto estropeado.
[113]Texto poco seguro cuyo
sentido original no se puede reconstruir.
[114]La Metafísica.
[115]Boethius, De consol.
phil. III m. IX.
[116]Quint (tomo I p. 251 n.
3) explica que «espíritus apartados» se refiere a las substanciae separatae aceptadas
por el neo-platonismo y la Escolástica. A menudo fueron identificadas con los
ángeles.
[117]Se trataría del «quod
quid erat esse» de los escolásticos. Cfr. Thomas, S.
theol. I q. 57 a. 1. (Cfr. Quint, ibídem nota 4).
[118]«para el cual» se
referiría a «la oscuridad o el desconocimiento.» (Cfr. Quint, tomo I p. 253 n.
1).
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