¿Qué tienen en común el sexo en el matrimonio con la
santa misa?
by ismaelojeda
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Los tres altares del matrimonio...
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¿Qué tienen en común el sexo en el matrimonio con la santa
misa?
Como para el sacerdote, también para los esposos unidos en
sacramento, hay momentos cumbres que resumen esta realidad esponsal de siempre
en un solo acto, el de la unión matrimonial de ser "una carne".
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Les queremos ofrecer un ejemplo. Un sacerdote puede haber sido ordenado desde hace años. Es sacerdote "para siempre". Nunca dejará de ser sacerdote. Con todo, hay momentos cumbres cuando Cristo quiere actuar sacramentalmente y de manera especial a través del sacerdocio de ese hombre ordenado por la imposición de las manos del obispo. Uno de esos momentos cumbres es la celebración de la Eucaristía.
Les queremos ofrecer un ejemplo. Un sacerdote puede haber sido ordenado desde hace años. Es sacerdote "para siempre". Nunca dejará de ser sacerdote. Con todo, hay momentos cumbres cuando Cristo quiere actuar sacramentalmente y de manera especial a través del sacerdocio de ese hombre ordenado por la imposición de las manos del obispo. Uno de esos momentos cumbres es la celebración de la Eucaristía.
La Eucaristía es un momento cumbre cuando el sacerdote actúa
"en la persona de Cristo", es
decir, se vuelve instrumento transparente a la fe porque su persona hace
presente a Jesucristo. Es la actualización del sacramento del orden. Es como si
se resumiera todo su sacerdocio en esta celebración eucarística. Y la fe abre
los ojos y ve el cielo abierto.
De manera similar el matrimonio está consagrado por el
sacramento desde el día de sus bodas hasta que la muerte los separe. Se
han donado el uno al otro sin reservas, en Jesucristo. Esta entrega mutua fue
el sacramento porque significa sacramentalmente la presencia de Cristo que se
entrega a su Iglesia.
Ahora bien, el momento cumbre de esta donación mutua impregna
todo lo que harán en el futuro como esposos y como padres. Pero, como para el
sacerdote, también para los esposos, unidos en sacramento, hay momentos cumbres que resumen
esta realidad esponsal de siempre en un solo acto, el de la unión matrimonial
de ser "una sola carne".
Se realiza, se re-actualiza, cuando los esposos se entregan el
uno al otro "en el Señor". En ese momento se vuelven instrumento
transparente a la fe como personas que hacen presente a Jesucristo que se
entrega de nuevo a su esposa la Iglesia, para hacerla santa e inmaculada en su
presencia. Y la fe abre los ojos y ve el cielo abierto.
La consagración de la santa misa es uno de los momentos que más
reclama el recogimiento profundo del creyente. ¿Por qué? Porque en ese momento
Cristo se inmola, se dona, se entrega.
Algo semejante, bajo otro signo, lo realiza Jesucristo cuando
los dos esposos se unen. Cristo
se entrega a su Iglesia para hacerla santa e inmaculada en su presencia. Es la
actualización del sacramento. Es un momento cumbre del designio de Cristo sobre
el amor de los esposos. ¿Acaso esto no reclama una honda
atención a la presencia del Señor en medio del acto matrimonial?
Ahora podrán ustedes entender por qué los esposos cristianos
antes de “hacerse uno en la carne” se ponen de rodillas ante Dios y le
agradecen el amor que les ha regalado y le piden poder amarse el uno al otro
como Cristo los ha amado.
Se están aprestando a celebrar su sacramento. Convocan a Cristo
y a la Iglesia y se convierten en signo de la entrega de Cristo a su Iglesia.
Cuando se celebra la Misa, Cristo muerto y resucitado se hace presente bajo los
signos de pan y vino que ya no son pan y vino.
Cuando la pareja celebra su matrimonio la entrega de Cristo a su
Iglesia se hace presente bajo el signo de la unión de los esposos.
Demos un paso más para descubrir las maravillas que Dios ha
pensado dar al matrimonio.
Los tres altares del matrimonio cristiano
Los antiguos hablan de tres altares en el matrimonio cristiano.
El primer altar es el
altar de la Iglesia donde se nos sirve el pan de la
palabra de Dios y de la eucaristía para vida eterna. El segundo altar es la mesa familiar donde
se comparten los alimentos, donde la familia ora, donde se educan los hijos.
El tercer altar es el tálamo nupcial, es decir, la cama matrimonial. Es
un altar. No es para menos porque es lugar donde Cristo se entrega a su esposa
la Iglesia. Es un monumento, es un lugar sagrado.
Bajemos al llano y veamos qué consecuencias tiene esto. Es
evidente que esta realidad sacramemtal requiere de una estética muy particular
y esmerada. El marco exterior favorece o destruye esa conciencia de sacralidad.
Igual que el altar de la Iglesia, la mesa familiar debe ser
siempre un lugar digno y hermoso, especialmente cuando la familia se reúne,
también el tálamo nupcial ha de ser un lugar digno, bien dispuesto. Es un
santuario, es un altar. Los
hijos no deben entrar allí sin permiso expreso.
¿Acaso no creen que esta realidad de fe ha de iluminar todo lo
que hacen los esposos especialmente en los momentos cumbre de su
matrimonio? ¿Se dan cuenta de la tragedia de los
matrimonios que no tienen fe o de los que han entrado en una rutina mortal
porque todo se realiza por costumbre y ya no hay corazón ni presencia divina
porque no hay conciencia de ella?
Todo se vuelve búsqueda egoísta del placer. Miren, la rutina sin
fe, sin amor no es sólo problema de los casados. También los sacerdotes estamos
en peligro de celebrar el misterio eucarístico rutinariamente y ya no hay amor
ni fe. Siempre de nuevo hay que recuperar el primer amor
Las expresiones de hoy que describen lo que hacen los esposos en
el dormitorio denuncian la pobreza de la concepción que se tiene del momento de
realizar la unión: “tener
relaciones”, “realizar el acto matrimonial”, etc. La más aceptable podría
ser “hacer el amor”. Pero también esta expresión es pobre, muy pobre.
De todo lo que hemos dicho anteriormente, pueden ustedes deducir
que el acto matrimonial no “se hace”, sino "se celebra”. Ya lo indica la
estética y el decoro que debe rodearlo.
¿Cómo se celebra? Pues, hombre, ustedes saben cuáles son los
ingredientes para que haya una verdadera y auténtica celebración, para que haya
una verdadera y auténtica fiesta. Todo se ha preparado con ilusión, es un
encuentro gozoso, se procede con alegría, lo más importante son las personas
que participan, y se le da tiempo al tiempo, se disfruta sin acelerar la
fiesta, ¿verdad?
Por si acaso, también hay que aprender a celebrar. ¿Y cómo se
aprende? Celebrando una y otra vez el amor de Dios presente en la pareja. Y
poco a poco desarrollarán ustedes su manera inconfundible de celebrar.
¿Puede haber técnicas de cómo celebrar?
Imposible, porque cada pareja es distinta y celebrará su
matrimonio de manera distinta. Será el cometido y el deleite de los primeros
meses (¡no semanas, por favor!) del matrimonio el descubrir el cómo celebrar el
acto matrimonial.
Es evidente que tienen que descubrir los dones peculiares que
Dios le ha dado a cada uno de los dos para que haya fiesta, para que haya
celebración. Es importante en este sentido el conversar mucho sobre la fiesta
pasada porque hace revivir las alegrías experimentadas y prepara a celebrar
mejor la siguiente.
Esta es la clave. ¿Pueden creer que todavía después de años de
casados los esposos encuentran nuevas delicadezas para brindarse el uno al
otro, simplemente porque escuchan en verdad al otro? Si están dispuestos a
digerir lo que dice muy acertadamente un profesor de filosofía sobre la
donación mutua, vayan a la siguiente página: Engendrar en la belleza según el cuerpo
y el alma. Vale la pena.
Fuente: Misioneros del Sagrado Corazón del Perú
Artículo originalmente publicado por pildorasdefe.net
http://www.aleteia.org/es/religion/contenido-agregado/el-encuentro-intimo-de-los-esposos-y-su-similitud-con-la-santa-misa-5790328632115200
Artículo originalmente publicado por pildorasdefe.net

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