viernes, 19 de junio de 2015

San Deodato de Nevers - Miguelina Metelli, Beata 19062015

San Deodato de Nevers

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San Deodato de Nevers, obispo
En los montes Vosgos, en el territorio de Burgundia, en Austrasia, san Deodato, obispo de Nevers, que fundó el monasterio que después recibió su nombre.
San Deodato, conocido en su tierra natal como Didier o Dié, fue muy venerado en Francia, y se registraron no menos de nueve traslaciones de sus reliquias, entre los años 1003 y 1851. Deodato llegó a ser obispo de Nevers alrededor del año 655 y, en 657, asistió al sínodo de Sens, junto con san Amando de Maestricht, san Eligió de Noyon, san Owen de Rouen, san Paladio de Auxerre y san Faro de Meaux. Tras de ocupar la sede episcopal durante varios años, renunció a ella y se trasladó a los Vosgos para llevar una vida de soledad y mortificación. Desde aquel momento, su historia queda a merced de las tradiciones inciertas que vinculan su nombre al de otros santos varones, muchos de los cuales, ni siquiera fueron sus contemporáneos. De acuerdo con sus biógrafos, fue obligado a abandonar el sitio que había elegido para vivir, a causa de la hostilidad de las gentes de la comarca; entonces se refugió en una isla, frente a Estrasburgo, donde ya se habían instalado otros solitarios. Todos reunidos llevaron vida comunitaria, dedicada a la oración y la penitencia. San Deodato llegó a ser el superior y, con la ayuda del rey Childerico, construyó una iglesia.

Aquella comunidad fue el núcleo del que surgió, posteriormente, la abadía de Ebersheim. San Deodato, que sólo anhelaba entregarse a la contemplación, decidió apartarse de aquella existencia activa, para buscar un sitio donde pudiese servir a Dios sin otras preocupaciones. Sin embargo, a donde quiera que iba, se encontraba con la oposición y aun la persecución de los habitantes del lugar. A fin de cuentas, regresó a su primitivo retiro de los Vosgos y ahí, en el sitio llamado Valle de Galilea, conocido ahora como Valle de Saint Dié, se estableció definitivamente. No tardaron en acudir los discípulos y Deodato fundó para ellos un monasterio que fue llamado «Jointures», porque se hallaba en el punto donde se juntaban los ríos Rothbach y Meurthe. La comunidad adoptó la regla de san Columbano. No lejos de Jointures (el actual Saint Dié) estaba Moyenmoutier, donde otro obispo retirado, san Idulfo de Trier, gobernaba a otro grupo de ermitaños. Los dos santos se hicieron amigos y periódicamente visitaban sus respectivos monasterios. Fue san Idulfo quien acudió desde Moyenmoutier para administrar los últimos sacramentos a san Deodato, y éste le encomendó a aquél su comunidad. A su muerte, san Deodato era muy anciano y durante muchos años compartió el trabajo de dirigir su comunidad con largas horas de meditación en una celda vecina al monasterio.

La extensa biografía escrita en el siglo décimo e impresa en el Acta Sanctorum, junio, vol. IV, no tiene valor histórico. El papel desempeñado por Deodato en la fundación de Jointures, es también de dudosa autenticidad. Véase a Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. II, p. 484.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


Miguelina Metelli, Beata
Miguelina Metelli, Beata
Viuda, Junio 19


Por: P. Felipe Santos | 



Viuda

Etimológicamente significa “¿quién como Dios?”. Viene de la lengua hebrea.

Miguelina vino al mundo en Pésaro, Italia. Por compromisos familiares, tuvo que casarse a los 12 años con el duque Malatesta.
Este “mala cabeza” la hizo una infeliz. Tuvieron un hijo que murió.

Cuando contaba con 20 años, era ya una chica viuda. Por eso, pensándose bien las cosas, decidió entrar en el convento franciscano para ser terciaria.

Antes de entrar, distribuyó todos sus bienes a los pobres. Y se dedicó a pedir limosna para que todo el mundo se riera de ella.

Tuvo que soportar muchas pruebas. Los familiares la llamaban la loca. Y como tal, y sobre todo para quedar bien ante la gente, la encerraron en la torre. Los guardianes, al ver lo buena que era, la dejaron escapar.

Cuando la gente la vio por la calle, se alegró mucho y se pusieron de su parte.
A medida que hacía falta, su caridad se desbordaba en amor para con todos, pero sobretodo con los leprosos.

Al final de sus años, se fue en peregrinación a Tierra Santa. Y de vuelta, cayó enferma y murió en el año 1356.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com

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