domingo, 14 de junio de 2015

Santa Digna Córdoba y Santos Anastasio presbítero, Félix monje - Beata Francisca de Paula de Jesús - Santa Clotilde de Francia 14062015


Santa Digna Córdoba

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Santa Digna
Virgen y mártir, Santos Anastasio presbítero, Félix monje  mártires cordobeses ( s. IX)  Fueron martirizados en Córdoba el 14 de Junio.
Ella era una religiosa contemplativa y Félix un monje de un convento de la capital y natural de Alcalá de Henares.    Después de degollados, sus cuerpos fueron quemados y las cenizas arrojadas al río Guadalquivir. Sufrieron el martirio como tantos cristianos significativos en la era de persecución cordobesa.
Se llaman mozárabes los cristianos que vivieron en tierra de musulmanes en España (711-1492) manteniendo su fe. En general, se puede decir que llevaron una vida muy difícil, y los que aquí enumeramos pagaron su fidelidad a Cristo con el martirio. También hoy son un modelo para el que quiera vivir al Evangelio fielmente.
El elenco de los santos mozárabes, que recoge el "Martyrologium Romanum" (Roma 2001), está compuesto en su mayoría por mártires, y por unos pocos confesores. Tenemos relatos de los martirios de la mayoría de ellos, escritos por contemporáneos, que los conocieron personalmente, y, que incluso compartieron la cárcel con ellos, y, posteriormente, padecieron el martirio2
.

Estos hombres y mujeres son mártires en el verdadero sentido de la palabra, es decir, que padecieron la muerte violenta por no renegar de su fe, y por practicar libremente el cristianismo, dando así un "testimonio" inapelable de la Resurrección de Jesucristo. Llevaron una vida santa, de oración, amor a Dios y al prójimo, sin usar la violencia, detestable para un cristiano, y recibieron la muerte que ni deseaban, ni buscaban, con una inexplicable entereza y paz del alma, haciendo el bien, y no causando el mal. Fueron, en definitiva, buenos imitadores de Jesucristo, el Dios único, que se hizo Hombre y bajó a la tierra para salvarnos.

(1) Cf.CONGREGATIO DE CULTU DIVINO ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM"Martyrologium Romanum" (Roma 2001).
(2) SAN EULOGIO, "Memorial de los santos"; "Documento martirial"; "Apologético de los mártires"; ÁLVARO DE CÓRDOBA, "Vida de Eulogio".





Oremos

« Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios. Porque si es cierto que los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo rebosa nuestro consuelo. «   2 Corintios 1, 3-5



Padre nuestro del cielo, que hoy nos alegras con al fiesta anual de Santa Digna, concédenos la ayuda de sus méritos a los que hemos sido iluminado con el ejemplo de su virginidad y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.



Beata Francisca de Paula de Jesús

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Beata Francisca de Paula de Jesús, «Nhá Chica», laica
En Baependi, Minas Gerais (Brasil), beata Francisca de Paula de Jesús, llamada popularmente «Nhá Chica», que vivió en su estado laical una consagración completa al Señor.

Francisca de Paula de Jesús, que había nacido em Santo Antônio do Rio das Mortes, distrito de São João del-Rei (Minas Geraes), fue trasadada a Baependi -en el mismo Estado- siendo aun pequeña. Vino acompañando a su madre y a su hermano Teotônio, dos años mayor. Entre las pocas pertenencias, traían una imagen de Nuestra Señora de la Concepción.
En 1818, cunado Nhá Chica tenía apenas 10 años de edad, murió la madre, dejando a los dos hermanos al cuidado de Dios y de la Virgen María, que poco a poco fue conquistando el corazón de Nhá Chica. Ella la llamaba cariñosamente "Minha Sinhá" (es decir, Mi Señora), y no hacía nada sin primero consultarla.
Nhá Chica supo administrar muy bien y hacer prosperar la herencia espiritual que recibiera de su madre. Nunca se casó, rechazó con libertad todas las propuestas de casamiento que le hicieran. Fue toda del Señor. Se prodigaba con todos, pobre o ricos, y con los más necesitados. Atendía a todos los que la buscaban, sin discriminar a nadie, y para todos tenía una palabra de consuelo, un consejo o una promesa de oración. Aun muy joven, era solicitada para dar consejos, hacer oración o hacer sugerencias a los que se dedicaban al comercio. Muchos no tomaban decisiones sin consultarla primero, y por muchas personas ella era considerada una "santa", pero a quienes querían saber quién era ella, les respondía con tranquilidad: "... es porque rezo con fe".
Su fama de santidad se fue esparciendo de tal modo que las personas de muy lejos comenzaron a visitar Baependi para conocerla, conversar con ella, hablarle de sus dolores y necesidades, y sobre todo para pedirle oraciones. A todos atendía con la misma paciencia y dedicación; pero los días viernes no atendía a nadie: era el día en que lavaba su propia ropa y se dedicaba con más fuerza a la oración y la penitencia, en recuerdo de la Pasión y Muerte de nuestro Señor. A las tres de la tarde intensificaba sus oraciones, y mantenía una particular veneración a la Virgen de la Concepción, con la que trataba familiarmente, como con una amiga.
Nhá Chica era analfabeta, pero lo único que deseaba de la lectura era poder leer las Sagradas Escrituras, sin embargo, cuando se la leían, era feliz. Compuso una Novena a Nuestra Señora de la Concepción, y en su honor construyó, al lado de su casa, un pequeño oratorio donde veneraba la imagen recibida de su madre, y ante la cual rezaba piadosamente por todos aquellos que se le encomendaban. Esa imagen se conserva hasta hoy en la casita donde vivió, sobre el altar de la antigua capilla.
Nhá Chica murió el 14 de junio de 1895, con 87 años de edad, pero fue sepultada recién el día 18, en el interior de la capilla que ella había construido. Las personas que estaban allí sintieron exalarse del cuerpo un misterioso perfume de rosas durante los cuatro días que duró el funeral. Ese perfume fue de nuevo sentido el 18 de junio de 1998, 103 años después. por las autoridades eclesiásticas y los miembros del tribunal eclesiástico para la causa de beatificación, y también por los trabajadores en ocasión de la exhumación del cuerpo. Los retos mortales se encuentran actualmente en el santuario, donde pueden ser venerados por los fieles.
En 1954 la iglesita de Nhá Chica fue confiada a las Hermanas Franciscanas del Señor. Desde entonces comenzó junto a la iglesia una obra de asistencia social para niños necesitados que viene siendo mantenida por los devotos de Nhá Chica.
La "Iglesita de Nhá Chica", después de haber pasado por reformas, llego a ser lo que es hoy, el Santuario de Nuestra Señora de la Concepción, que acoge peregrinos de todo Brasil y de diversas partes del mundo. MUchos fieles que visitan el lugar piden gracias y oran con fe. Algunos vuelven a agradecer y registran las gracias recibidas. Actualmente (año 2013) en el "Registro de gracias del Santuario", pueden leerse aproximadamente 20 mil gracias alcanzadas por intercesión de Nhá Chica.
Según consta en el acta de beatificación, el milagro que dio fin al proceso canónico fue la perfecta y constante sanación de D. Ana Lucía Meirelles Leite de una cardiopatia congenita.

Este artículo es traducción con escasos cambios, del que se encuentra en el web dedicado a la beata. Para el milagro ver AAS 105(2013), pág. 482ss.




Santa Clotilde de Francia

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  Santa Clotilde  
La historia cristiana y política de Francia, en sus orígenes, se vincula en torno a tres personajes que de manera diferente desempeñaron un papel importantísimo. Ellos son San Remigio, obispo de Reims, Santa Clotilde y su marido, el rey Clodoveo.
El primero, por dar a Francia una consolidación espiritual; la segunda por haber influido, a través de su santidad, en la conversión de su marido y de los nobles que colocaron las primeras bases políticas de la nación.   Clotilde era hija de un rey arriano y nació en Lyón, Francia, alrededor del año 475. Después de la muerte de sus padres, fue entregada a la piadosa tía Caratena que la educó en la religión católica.
El nombre Clotilde, de origen germánico, significa: «famosa en las batallas» y ella realizó este programa en plenitud, no  a través de armas homicidas sino por su obra sabia, paciente y resignada al lado de su violento marido, a quién condujo en el camino de la conversión.   Clotilde era una princesa de estupenda belleza física y de modales gentiles y delicados. Clodoveo se enamoró perdidamente de ella y la desposó en unas bodas que se celebraron con grandes pompas.
Junto al marido pagano, irascible, ambicioso y guerrero, Clotilde representaba la cortesía, la bondad y la piedad cristiana. Tuvo cinco hijos que desgraciadamente heredaron el carácter belicoso del padre.   La reina empezó su obra paciente de persuasión y buen ejemplo con el objetivo de conducir  al marido en el camino de la fe cristiana, animada en todo momento por el obispo San Remigio.
El orgulloso soberano prometió convertirse al Dios de Clotilde si conseguía derrotar a sus enemigos y desbaratar sus planes de unificar las tribus gálicas y franca en un solo reino. En efecto el rey logró vencer a los alemanes que lo amenazaban en la región del río Rin. Fue entonces que Clodoveo, aclamado rey de los francos junto a sus generales pidió a Remigio el bautismo. Para esta ocasión la Catedral de Reims fue preparada para la fiesta con luces, cantos y flores.
Al entrar en el templo sagrado Clodoveo preguntó a Remigio. «¿Este es el Reino de los Cielos, del cual me habló Clotilde?» «No, respondió el obispo, pero es el comienzo y el camino que lleva a la gloria y la felicidad de Dios».    Clotilde no fue santa solamente por su misión de esposa al guiar a su marido a la conversión, sino también por las virtudes que se manifestaron de manera más evidente luego de la muerte del rey.
Los hijos se enredaron en sangrientas luchas y todos murieron a espada, dejando a la madre viuda en medio de una terrible angustia y tremendo dolor. Después de esto se retiró a la ciudad de Tours, cerca del sepulcro de San Martín. Allí sobresalió  por su actividad religiosa, por su obra de caridad y por el apoyo que prestó para la construcción de Iglesias y Monasterios.
Falleció en el año 545 a los setenta años de edad. Su memoria permanece viva como una bendición para todo el pueblo que, de inmediato, la veneró como santa, no sólo por su obra  misionera sino también por su dolor de viuda y su martirio de madre.
Su fiesta se celebra, generalmente, el día 3 de junio y nosotros le reservamos este día por ser el primer día libre en la liturgia.

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