Beato Uto u Otón, abad
fecha: 3 de octubre
†: 829 - país: Alemania
otras formas del nombre: Utto, Udo, Utto Metten, Utto von Metten, Utón
canonización: Conf. Culto: Pío IX 24 ago 1909
†: 829 - país: Alemania
otras formas del nombre: Utto, Udo, Utto Metten, Utto von Metten, Utón
canonización: Conf. Culto: Pío IX 24 ago 1909
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En el monasterio de Metten, en Baviera, beato Uto u Otón, fundador y
primer abad.
refieren a este santo: Beato Gamalberto
La vida del beato Utto se entrecruza con
la del beato Gamelberto,
párroco de Baviera; los dos beatos recibieron la confirmación del culto juntos,
el 25 de agosto de 1909, por el papa san Pío X.
Utto, cuyo nombre parece ser una variante
de Otto, Otton, Odón, nació en Milán hacia el 750, y fue bautizado por
Gamelberto, párroco de Michaelsbuch en Baviera, que estaba de paso por Milán en
peregrinación a las tumbas de los Apóstoles, en Roma. La anónima «Vita
Gamelberti» es la más antigua fuente donde se encuentran estas noticias. En su
viaje de regreso Gamelberto, habiendo previsto la santidad del pequeño Utto,
solicitó a los padres que se lo confiaran, para dar al joven instrucción y
formación religiosa. Así que después de un cierto tiempo, cuando ya era un
adolescente, Utto se reunió con su padrino Gamelberto, por el cual fue educado
para el sacerdocio, sucediendo al beato a su muerte, en el año 802, como
párroco de Michaelsbuch, donde permaneció por muchos años desarrollando con
fervor su ministerio.
Sientiéndose sin embargo dolido por las
malas costumbres del lugar, que no lograba modificar, y para huir del tumulto
de la guerra que asolaba Baviera, buscó la soledad, y se retiró a una selva
sobre la margen izquierda del Danubio, estableciéndose cerca de una fuente seca
que, según la tradición, comenzó milagrosamente a manar, gracias a ssus oraciones;
esta fuente recibirá, en su homenaje, el nombre de Uttobrunn (fuente de Utto).
En ese lugar construyó una pequeña celda, en la que vivió en oración y rigurosa
penitencia, sin dejar de acudir a veces a predicar la palabra de Dios entre los
habitantes del lugar.
La fama de su santidad se difundió muy
pronto por toda la región, y Utto fue considerado por todos como un hombre de
Dios. Incluso Carlomagno un día, mientras cazaba en el bosque, se encontró con
Utto y fue sorprendido por un milagro realizado por el santo ermitaño, que
colgó el hacha en los rayos del sol (el mismo milagro se cuenta de otros
ermitaños), el emperador le preguntó si tenía algún deseo, y el beato pidió que
se construyera allí mismo un monasterio en honor de San Miguel, bajo la regla
benedictina; y así surgió en Metten, cerca de Deggendorf, en la Baviera
inferior, en el 792, el monasterio dicho, del cual el propio Carlomagno nombró
a Utto como primer abad. De esta comunidad Utto supo ser modelo de padre y
cultor de la perfección religiosa, y allí murió el 3 de octubre del 829, y fue
sepultado en el coro de la iglesia conventual, llegando a ser su tumba meta de
peregrinación. Su memoria se celebra en la Orden benedictina y en la diócesis
de Ratisbona.
Traducido para ETF, con escasos cambios,
de un artículo de Antonio Borrelli. El relato repite sustancialmente la
historia contada en el decreto de confirmación de culto de los dos beatos, que
puede leerse en AAS 1 (1909), pág. 752-755. Una lectura atenta muestra que la
cronología no termina de convencer: si fue párroco en el 802 (fecha segura) y
la abadía fue fundada antes del 798 (fecha también segura), no parece posible
la secuencia que señala el texto, ni la motivación para la vida solitaria.
Posiblemente se trate de una mezcla de tradiciones en torno al mismo personaje.
fuente: Santi e Beati
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3611
San Gerardo de Brogne, abad
fecha: 3 de octubre
†: 959 - país: Bélgica
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: 959 - país: Bélgica
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En la región de Namur, en
Lotaringia, san Gerardo, primer abad del monasterio de Brogne, que él mismo
había fundado. Trabajó para instaurar la disciplina monástica en Flandes y
Lotaringia, y ayudó a muchos monasterios a recuperar la observancia primitiva.
San Gerardo nació a fines del siglo IX, en
las cercanías de Namur, Bélgica. Su bondad innata le ganó la estima y el afecto
de cuantos le conocieron. Por otra parte, su virtud tenía la elegancia y el
encanto de la cortesía y de la munificencia. Un día, al volver de caza, en
tanto que sus compañeros descansaban un poco, Gerardo se retiró furtivamente a
una capillita de Brogne, que estaba en sus posesiones, y permaneció allí largo
rato en oración. En esa ocupación encontró tal dulcedumbre, que hubo de hacerse
violencia para volver a donde estaban sus compañeros. Mientras caminaba, se
decía: «¡Cuán felices deben ser quienes no tienen otra obligación que alabar al
Señor día y noche y viven siempre en su presencia!» La gran obra de su vida
consistió, precisamente, en procurar a otros esa felicidad y en hacer que
elevasen incesantemente el tributo de su oración a la infinita majestad de
Dios. Según cuenta la leyenda, san Gerardo tuvo una visión en la que san Pedro
le ordenó que llevase a Brogne las reliquias de san Eugenio, compañero de san
Dionisio de París. Los monjes de Saint-Denis le regalaron las presuntas
reliquias del mencionado mártir y san Gerardo las depositó en un relicario en
Brogne. Algunos aprovecharon la ocasión para acusarle ante el obispo de
promover el culto de reliquias de antenticidad dudosa, pero las de san Eugenio
obraron un milagro para disipar las dudas del obispo. Algún tiempo después, san
Gerardo abrazó la vida religiosa en la abadía de Saint-Denis.
Una vez hecha su profesión, el santo se
entregó totalmente a la práctica heroica de las virtudes. Al cabo de algún
tiempo, recibió las sagradas órdenes, por más que su humildad se oponía a ello.
El año 919, tras haber pasado once en la abadía, obtuvo permiso para ir a
fundar un monasterio en Brogne. Así lo hizo, en efecto, pero, viendo que las
obligaciones del superior de una comunidad numerosa se prestaban poco para la
vida de recogimiento a la que él aspiraba, se construyó una celda en las
proximidades de la iglesia y vivió recluido en ella. Algún tiempo después, Dios
le llamó nuevamente a la vida activa, de suerte que Gerardo se vio obligado a
emprender la reforma de la abadía de Saint-Ghislain, que distaba unos diez
kilómetros de Mons. Impuso a los monjes la regla de San Benito y la más
admirable disciplina. Los religiosos tenían la costumbre de pasear en procesión
por los diversos pueblos las reliquias de su santo fundador a fin de recoger
dinero que empleaban para malos fines. San Gerardo desempeñó el difícil oficio
de reformador con tanto tino, que el conde de Flandes, Arnulfo, a quien el
santo había curado de una enfermedad de la vesícula y había convertido a mejor
vida, le confió la inspección y reforma de todos los monasterios de Flandes. En
el curso de los siguientes veinte años, San Gerardo restableció la estricta
observancia en numerosos monasterios, incluso en algunos de Normandía,
siguiendo las líneas de la reforma de San Benito de Aniane.
Aunque San Gerardo se hizo famoso como
reformador de la disciplina monástica, no todos los monjes se plegaban
fácilmente a sus deseos; por ejemplo, los de Saint-Bertin prefirieron emigrar a
Inglaterra antes que aceptar la austera observancia que el santo quería
imponerles. El rey Edmundo los acogió amablemente el año 944 y les dio asilo en
la abadía de Bath. Las fatigas de su cargo no impedían a san Gerardo practicar
toda clase de austeridades y vivir en estrecha unión con Dios. Al cabo de
veinte años de infatigable reforma, sintiéndose ya achacoso, el santo visitó
por última vez todos los monasterios que tenía bajo su dirección. Una vez
terminada la visita, se encerró en su antigua celda de Brogne para prepararse a
la muerte. Dios le llamó a recibir el premio de sus trabajos el 3 de octubre
del año 959.
Alban Butler resumió la biografía de san
Gerardo, escrita unos cien años después de su muerte y publicada en Mabillon y
en Acta Sanctorum, octubre, vol. II. Dicha biografía ha sido muy discutida.
Está fuera de duda que depende de un documento más antiguo, que ha
desaparecido; a pesar de ello, muchos detalles son poco fidedignos: por
ejemplo, es muy dudoso que san Gerardo haya sido monje en Saint-Denis. Véase
sin embargo a Sackur en Die Cluniacenser, vol. I (1892), pp. 366-368; y sobre
todo a U. Berliére en Revue Bénédictine, vol IX (1892), pp. 157-172.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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