domingo, 2 de octubre de 2016

Santa Juana Emilia de Villeneuve, virgen y fundadora - Beato Antonio Chevrier, presbítero y fundador (2 de octubre)

Santa Juana Emilia de Villeneuve, virgen y fundadora

fecha: 2 de octubre
n.: 1811 - †: 1854 - país: Francia
otras formas del nombre: Jeanne Emilie de Villeneuve
canonización: 
B: Benedicto XVI 5 jul 2009 - C: Francisco 17 may 2015
hagiografía: Congregación

Elogio: En Castres, Francia, santa Juana Emilia de Villeneuve, virgen, fundadora de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción.
Nació en Toulouse el 9 de marzo de 1811. Emilie de Villeneuve era nieta del Conde de Villeneuve y tercera de los cuatro hijos del Marqués de Villeneuve y de Rosalie d'Avessens. Los primeros años de su vida trascurrieron en el castillo de Hauterive, en la proximidad de Castres, a donde su madre debió retirarse por su delicado estado de salud. A la edad de 14 años, Jeanne Emilie de Villeneuve pierde a su madre, y tres años después a su hermana Octavie. Estos hechos trágicos marcarán su existencia, así como el contacto que traba con el padre jesuita Le Blanc, a quien trasmite las preocupaciones que de índole social habían germinado en ella, en especial por la miseria que veía a su alrededor, en el contexto histórico de los primeros albores de la revolución industrial.
Tras la muerte de su madre, la vida de la familia trascurre entre Hauterive y Toulouse, donde la abuela se hace cargo de la educación de sus nietos. A la edad de 19 años, Jeanne Emilie se traslada definitivamente a Hauterive con su familia, donde lleva a buen puerto la gestión diaria de la vida familiar, descargando de esta tarea a su padre, alcalde de Castres (1826-1830). Poco después, declara a su padre su voluntad de entrar a formar parte de las Hijas de la Caridad. Éste no acepta su petición y le solicita un plazo de reflexión que durará cuatro años. Antes de que transcurra ese plazo, y con la aprobación del obispo, Jeanne Emilie de Villeneuve decide crear, junto a dos compañeras, la Congregación de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de Castres (8 de diciembre de 1836), llamada abreviadamente «las monjas azules», por el color de su hábito.
Entre los principios que regirán esta Congregación, destacan dos: «Dios sólo» y «Servir a los pobres». La austeridad y la preocupación social por los menos favorecidos de la sociedad serán los ejes principales de la acción social y religiosa de esta Congregación. Partiendo de un humilde local en la localidad de Castres, presta ayuda a las jóvenes del sector social menos favorecido, a obreros, a condenados a prisión y a enfermos. La Congregación ve aumentar el número de Hermanas, y en 1848, todavía en vida de su fundadora, su horizonte se amplía desde la Francia natal hasta Senegal, Gambia y Gabón, donde se desplazan las primeras Hermanas Misionarias.
En 1853, Jeanne Emilie de Villeneuve solicita ser sustituida como guía de la Congregación, consiguiendo que esta tarea le sea confiada a la Hermana Hélène Delmas. Escribe por este motivo a sus Hermanas Misionarias «Tras las elecciones tengo el consuelo de poder dedicarme mayormente al aspecto espiritual de la Congregación».
A mediados de 1854 una epidemia de cólera y de fiebre asola el sur de Francia, llegando sus efectos hasta Castres. Jeanne Emilie de Villeneuve muere el 2 de octubre de 1854 como consecuencia de esta epidemia, rodeada del afecto de las Hermanas de su Congregación.
Los inicios de la causa de beatificación se remontan a 1945, pero el impulso fundamental lo recibe con la promulgación del decreto papal de heroicidad de sus virtudes, de 1991.
La Congregación celebra litúrgicamente a su fundadora el día 3 de octubre.
Milagros registrados en las causas de beatificación y canonización
El milagro que abrió la posibilidad de la beatificación fue la curación de Binta Diaby (Mamou, Guínea Conakry, 1 de enero de 1978); esta joven, tras ser repudiada por su padre por creerla embarazada, intentó el suicidio a la edad de 19 años mediante la ingestión de sosa cáustica, lo que le provocó daños irreversibles en diferentes órganos de su cuerpo. Fue llevada a Barcelona (España), ingresada y operada de urgencia. Entró en coma y su caso fue considerado, desde un punto de vista clínico, en fase terminal.
Las Hermanas y Novicias de la Congregación de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción de Castres, informadas por miembros del hospital de la situación en que se encontraba Binta Diaby, dirigieron una novena a Jeanne Emilie de Villeneuve, rogando por su curación, y depositaron diferentes reliquias en la habitación donde se encontraba la enferma. Se produjo una inesperada y rápida curación de la enferma, que aun vive y trabaja en Barcelona.
El segundo milagro necesario para la canonización, ocurrido a una niña pequeña, fue el siguiente: Emily María de Souza nació el 2 de agosto de 2007 en Brasil. El 5 de mayo de 2009 cuando sólo tenía 9 meses. Fue víctima de un grave accidente. Hacía mucho calor en Petrolina y el ventilador estaba enchufado. Emilly andaba a gatas por el suelo. El papá Luiz Viturino de Souza, salió un momento para contestar al teléfono. Al volver encontró a Emily por el suelo toda encogida. Había puesto su dedito en el enchufe. El choque eléctrico fue terrible...  tomó a la niña y salió corriendo pidiendo ayuda. Su cuñado, Fabio José Rafael, le acompañó al centro médico más cercano. El chófer no tenía licencia pero ante la urgencia del caso no dudó un instante. A la llegada al centro, el médico examinó a Emily y dos horas más tarde la transfirió al hospital Dom Malan.
El segundo médico declaró que no había nada que hacer, que la niña estaba muerta. El papá insistió mucho para que su hija se quedara en el hospital y pidió que hicieran todo lo posible por ella. Vive, afirmó el padre. Ante esta situación, Emily se quedó 10 días en la UCI y 6 en pediatría antes de mandarla a casa en muy mal estado. Es un caso muy grave dijo el médico y declaró que no podía hacer nada más ; que si volvía a la vida no podría ni ver, ni oír, ni hablar y menos aun andar.
Cuando volvió del hospital no hacía más que llorar, no controlaba sus miembros, su cuello no aguantaba la cabeza que se le iba para atrás. No veía nada, ni siquiera a las personas. Parecía una muñeca de trapo.
El 21 de mayo la hermana Ana Célia de Oliveira, religiosa de la congregación fundada por Jeanne Emilie de Villeneuve,  fue a casa del abuelo materno de Emily, el Señor Rafael. Esta casa es el centro de la misión y lugar de encuentro para la oración comunitaria. Aquí fue donde se empezó la novena a la Beata con la presencia de la pequeña Emily. Toda la familia se reúne en la sala y la hermana Ana Celia tenía en brazos a Emily, completamente desfigurada, con un cuello sin consistencia que no aguantaba la cabeza y además ciega. Sufría mucho, lloraba y no se alimentaba.
El 20 terminaba la novena. Y el 30 a las 18 horas, según el relato de algunos miembros de la familia, Emily empezó a comer, ver, dormir, y su cuello volvió a su posición habitual. Desde este día Emily continúa con una evolución normal.
fuente: Congregación
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ingreso o última modificación relevante: 2-6-2015

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_4940




Beato Antonio Chevrier, presbítero y fundador

fecha: 2 de octubre
n.: 1826 - †: 1879 - país: Francia
canonización: 
B: Juan Pablo II 4 oct 1986

Elogio: En Lyon, en Francia, beato Antonio Chevrier, presbítero, que instituyó la Obra de la Providencia del Prado, para preparar sacerdotes destinados a enseñar la doctrina cristiana a jóvenes pobres.
Fragmento de la homilía pronunciada por SS Juan Pablo II en la ceremonia de beatificación del P. Chevrier, el 4 de octubre de 1986:
Apóstol, esto es lo que quiso ser el padre Chevrier cuando se preparaba al sacerdocio. «Jesucristo es el Enviado del Padre; el sacerdote es el enviado de Jesucristo». Los pobres mismos avivaron en el padre Chevrier el deseo de evangelizarlos. Pero fue Jesucristo quien lo «captó». La meditación ante el belén en la Navidad de 1856 lo transformó de una manera especial. Desde entonces tratará siempre de conocerle mejor, de ser su discípulo, de conformarse a Él, para mejor anunciarlo a los pobres. Él revive especialmente la experiencia del Apóstol Pablo, cuyo testimonio acabáis de oír: «Pero lo que tenía por ganancia lo considero ahora por Cristo como pérdida, y aun todo lo tengo por pérdida a causa del sublime conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor» (Flp 3,7-8). ¡Qué radicalismo en estas palabras! He aquí lo que caracteriza al apóstol. En Cristo, «participando en sus sufrimientos» y «experimentando la fuerza de su resurrección», él encuentra la «justicia divina ofrecida a la humanidad pecadora, ofrecida a cada hombre como don de la justificación y de la reconciliación con el Dios infinitamente santo».
El apóstol es, pues, un hombre «captado por Cristo Jesús».
El apóstol tiene la confianza absoluta de que, «conformándose a Cristo en su muerte, podrá llegar él también a resucitar de entre los muertos» (cf. Flp 3,11).
Él es también el hombre de una esperanza escatológica que se traduce en la esperanza de cada día, en un programa de vida cotidiana, a través del ministerio de salvación que él ejerce para los demás.
El padre Chevrier trata de alcanzar con todas sus fuerzas este conocimiento de Jesucristo, para mejor captar a Cristo, como él había sido captado por Él. Medita sin cesar el Evangelio; escribe miles de páginas de comentarios para ayudar a sus amigos a ser ellos mismos verdaderos discípulos. Él mismo trata de reproducir la vida de Cristo en su propia vida. «Nosotros debemos representar a Jesucristo pobre en su pesebre, Jesucristo sufriente en su pasión, Jesucristo que se deja comer en la santa Eucaristía» (Le veritable disciple [=V.D.], Lión 1968, pág. 101). Y más aún: «El conocimiento de Jesucristo es la clave de todo. Conocer a Dios y a su Cristo eso lo es todo para el hombre, todo para el sacerdote, todo para el santo» (Carta a sus seminaristas, 1875). He aquí la oración que culmina su meditación: «¡Oh Verbo! ¡Oh Cristo! ¡Qué bello sois! ¡Qué grande eres!... Haz que yo te conozca y te ame, Tú eres mi Señor, y mi solo y único Maestro» (V.D., pág. 108). Tal conocimiento es una gracia del Espíritu Santo.
Desde ese momento el padre Chevrier está completamente disponible para la obra de Cristo: «Conocer a Jesucristo, trabajar por Jesucristo, morir por Jesucristo» (Cartas, pág. 89). «Señor, si tenéis necesidad de un pobre..., de un loco, aquí estoy..., para hacer vuestra voluntad. Estoy contigo. Tuus sum ego» (V.D., pág. 122).
Datos biográficos (tomados de franciscanos.org):
El P. Antoine Chevrier nació en 1826 de una familia humilde. Entró en el seminario de Lión y fue ordenado sacerdote en 1850. Inmediatamente fue destinado como vicario de Saint-André de la Guillotière, barriada de Lión. En Navidad de 1856, año de las catastróficas inundaciones de Lión, el P. Chevrier sintió la llamada a compartir la situación de los desheredados. En 1857 se hizo capellán de la «Ciudad del Niño Jesús», fundada por el seglar Camille Rambaud, ministerio que ejerce en la mayor pobreza junto con diversos colaboradores. En 1860 alquila un salón de baile de mala fama, llamado del Prado, donde establece la «Providencia del Prado», alojamiento para niños y adolescentes pobres, que reciben asistencia material y educación cristiana. En 1867 es nombrado párroco de Moulin-à-Vent, a 3 kilómetros de Prado, pero sigue viviendo en Prado. Exonerado de la parroquia en 1871, se ocupa de la formación de sacerdotes pobres, que se dedicarán a evangelizar a los pobres. Los cuatro primeros que terminaron sus estudios en Roma, recibieron la ordenación sacerdotal en 1877, regresaron a Prado y formaron el primer núcleo del futuro Instituto. El P. Chevrier murió en Prado el 2 de octubre de 1879. Pocos meses antes había presentado su dimisión y el P. Duret había pasado a ser el nuevo superior del Prado. Actualmente la familia del Prado está constituida por sacerdotes (más de mil en 1986), religiosas, hermanos y seglares.

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